Fantástica originalidad y hermosa personalidad.
Un blanco cautivador en nariz, un sinfín de aromas (fruta amarilla de hueso, presencia de ciruelas maduras, toque anisados, de té, boj y camomila…) que aparecen como un todo y el movimiento en copa va desvelando como si de una pasarela se tratara, uno a uno sus aromas.
En boca es tremendamente fino, graso, ancho y largo y con una acidez de un equilibrio extremo, un vino gastronómmico y que perfectamente nos lo podemos llevar a la sobremesa, porque se disfruta igual de bien a 14 grados de temperatura.
Amodiño: Su traducción es “despacio” pero esconde mucho más, pues define una forma de vida es parte de la bodega… poco a poco, a poca velocidad, lentamente.. así elaboran este albariño al modo antiguo. Magistral trabajo.
Sobre la bodega
«Eladio Piñeiro fundó en 1983 Mar de Frades, Albariño de Rias Baixas. Pero llegó un momento en el que se sintió alejado de su proyecto. Mar de Frades era demasiado grande y demasiado industrial. En las antípodas de su sueño de vinos personales y de terroir. La enfermedad de su mujer le hizo replantearse muchas cosas. Sobre todo lo concerniente a cómo tratamos nuestro ambiente, cómo lo exprimimos hasta agotarlo, sin entender lo que realmente puede ofrecernos.
Eladio Piñeiro explica que vender Mar de Frades fue una decisión dolorosa pero liberadora. Para él no era un futuro apacible sino desasosiego. Su filosofía no era ese (mal)trato a la tierra. La liberación fue su siguiente proyecto, Frore del Carmen, con una visión integral, holística del viñedo, la bodega y los vinos. Ese es el universo en el que ahora sí está cómodo.»
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